Escrito está

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No fue un seppuku típico, pero en esencia lo fue. Suicido por honor. Solo faltaron el tantó y el kimono blanco. Era martes, 5 de agosto de 2014. Por la mañana, un guardia de seguridad halló el cadáver del doctor Yoshiki Sasai colgado en una de las gradas del Centro para el Desarrollo Biológico, del...

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Journal Title: Revista Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstructiva
Author: Jorge Arturo Díaz Reyes
Language: Spanish
Get full text: http://www.ciplastica.com/ojs/index.php/rccp/article/view/10
Resource type: Journal Article
Source: Revista Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstructiva; Vol 22, No 1 (Year 2016).
Publisher: Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica Estética y Reconstructiva
Usage rights: La reproducción de los artículos deberá contar con aprobación del editor y crédito a la Revista.
Categories: Health Sciences, Social Sciences/Humanities --> Health Care Sciences --AMP-- Services
Health Sciences --> Surgery
Social Sciences/Humanities --> Art
Abstract: No fue un seppuku típico, pero en esencia lo fue. Suicido por honor. Solo faltaron el tantó y el kimono blanco. Era martes, 5 de agosto de 2014. Por la mañana, un guardia de seguridad halló el cadáver del doctor Yoshiki Sasai colgado en una de las gradas del Centro para el Desarrollo Biológico, del Instituto RIKEN de Kobo, Japón, del cual era cofundador y a la vez director del grupo de órgano y neurogénesis. Había escrito nota final y colocado sus zapatos ordenadamente antes de proceder.Figura 1. Dr. Yoshiki Sasai. Foto: The Wall Street Journal.52 años, médico, investigador, talentoso, exitoso, casado y con dos hijos. Deportista distinguido (fútbol americano) como estudiante de la Universidad de Kyoto y como residente del Hospital general de Kobe. Había llegado al cargo por su prestigio científico labrado en la dura losa de las células madre. Acreditado y galardonado como primero en lograr el desarrollo in vitro de una embrionaria copa óptica de ratón. 129 artículos publicados, 14.463 citas bibliográficas documentadas, y su dedicación a la restauración del tejido neurológico le habían ganado el apodo de “Brainmaker”.También sus atributos personales contribuyeron a proyectarlo. Sereno, elegante, culto, erudito, conversador ameno, anfitrión espléndido, cocinero celebrado (sushi), hábil relacionista, promotor y eficaz generador de financiación para la investigación a partir de sus publicaciones. “Se ha perdido un científico irremplazable”, lamentó el comunicado oficial del Instituto.Atraído por el trabajo de la joven química postgraduada Haruko Obokata sobre pluripotencia celular adquirida, lo denominó STAP (stimulus-triggered acquisition of pluripotency), la incluyó en el equipo y firmó en colaboración con ella, con el acreditado coautor de la primera clonación de una rata Teruhiki Yakamata, con Charles Vacanti, anestesiólogo, veterano investigador de células madres en Boston, y con otros, dos artículos, publicados ambos siete meses antes de su muerte por la muy exigente revista británica Nature(2,3). Medio reverenciado, que en abril de 1953 presentó el descubrimiento de la estructura helicoidal del ADN por Watson y Crick y que se precia de rechazar más del 95% de los manuscritos que se le proponen.El primero de ellos, informando que la pluripotencia de las células (generales) de los mamíferos puede ser estimulada y orientada por cambios ambientales, como la exposición a PH moderadamente bajo. El otro, un proceso de reprogramación celular único, llamado estímulo para desencadenar pluripotencia adquirida, que no requiere ni la transferencia nuclear ni la introducción de factores de transcripción.Los anuncios de que las células “no madres” podrían transformarse a “células madre” por estímulos controlables fueron celebrados de inmediato con gran repercusión mediática. Se comparó el descubrimiento a la reorganización del sistema solar por Copérnico, y la firma consultora Frost  no reproductibilidad de los resultados y dudas sobre la veracidad de los datos y las observaciones.El Instituto RIKEN abrió una investigación sobre mala conducta y falsedad. La doctora Haruku Obama fue conminada a reproducir los experimentos y resultados bajo rigurosa vigilancia en los laboratorios del Centro de Desarrollo Biológico, sin éxito. Además fue acusada de plagio en apartes de su tesis de grado y le fue retirado el título Ph.D en ingeniería biológica por la Universidad Waseda de Tokio.Figura 3. Dra. Haurku Obokata Foto: www.bloomberg.com Surgieron discrepancias públicas entre los coautores. Yakamata sugirió haber sido engañado por Obokata con muestras contaminadas, Vacanti, que en un momento se sintió relegado en la publicidad, cuestionó la veracidad de los datos aportados por su compañera, pero continuó defendiendo la validez del proyecto, y Sasai inculpado por negligencia en la supervisión del estudio respaldó a Obokata.Esta, derrotada, se aisló, entró en depresión que requirió tratamiento y desapareció de los medios que le habían querido convertir en ícono. “Una nueva estrella brillante ha surgido en el mundo de la ciencia»... «Este es un descubrimiento importante que podría reescribir los libros de texto” había proclamado, refiriéndose a ella, un editorial del Asahi Shimbun(1), segundo periódico de Japón con ocho millones de tirada diaria. Luego, en octubre 31 del 2015 calificó su trabajo como “una completa farsa”(4) y en febrero 11 de este año la llamó “científica deshonrada”(5). George Daley, científico de Harvard y director de trasplantes de células madre en el Hospital Infantil de Boston, envió al laboratorio de Vacanti un miembro de su equipo, quien declaró que los resultados eran de una fuerza insignificante, y Daley comenzó a preparar un artículo demostrando que las comunicaciones sobre el STAP eran un espejismo(1).La revista Nature publicó retractaciones(6,9) a los dos artículos en julio del 2015. Semanas después ocurrió el suicidio de Sasai completando el escenario de una tragedia shakesperiana.Los elementos estaban dados, un equipo de brillantes científicos, una revista con inmenso poder de acreditación, un boom publicitario sobre un supuesto hallazgo histórico de gran beneficio, y el espejismo de celebridad, galardones grandiosos y riqueza.¿Hasta dónde las presiones ejercidas por estas inminentes y deslumbrantes recompensas pudieron afectar el rumbo de la investigación y el juicio de los investigadores? Fácil sospecharlo, pero imposible precisarlo.En 2012, Brandon Stell, neurólogo, fundador de PubPeer, y crítico del sistema de revista científica declaró: «Los científicos están utilizando que un documento aparezca en Nature, Ciensce o Cell como prueba de que es un trabajo validado»(1).Figura 4. Nature: retractación. Y Randy Schekman, biólogo norteamericano, ganador del premio Nobel de medicina en el 2013, crítico del burocratismo científico y la injerencia de los intereses corporativos y personales en la investigación, declaró en una columna del periódico inglés The Guardián que no volvería a publicar en ninguna de las tres revistas mencionadas (en una de las cuales había presentado el trabajo que le mereció el Nobel) a las cuales denunció como “dañinas” por lo que consideraba su agresiva manera de promoverse y privilegiar la venta de suscripciones sobre la seriedad de las investigaciones. Denunciando además que su admisión de manuscritos puede estar sujeta a consideraciones de política científica, presiones o incluso relaciones personales(10).Lo cierto es que dichos journals, y otros, en la medida de su impacto, son vitrinas de novedades para inversionistas, corporaciones y universidades que los toman por aval de lo publicado.Se ha creado la opinión de que hubo dolo y descuido en el proceso (11 irregularidades se descubrieron) que desembocaron en una gran frustración. El mayor peso de culpa cayó sobre la joven Obokata y el peor castigo se lo infirió a sí mismo el doctor Sasai. También salió perjudicada de manera general (desacreditada), la indispensable investigación sobre células madre que tras el escándalo ha perdido crédito y apoyo institucional y económico.Figura 5. Dr. Randy Scheckman, premio Nobel de Medicina 2013. Foto:www.bloomberg.com/news/articles/2013-12-11.¿La suma del poder de las grandes revistas para bendecir propuestas científicas y disparar la carrera de sus autores, las exigencias e incentivos académicos para publicación, y los grandes capitales generados por la ciencia aplicada en la industria son tentaciones distractoras en la investigación? La ciencia es hecha por humanos, es falible, pero también falseable.Traspasar las fronteras con la subjetividad, la seudociencia, e incluso la chapucería es un riesgo permanente y compartido por científicos y editores, a partes iguales. El caso STAP parece una muestra. Su oferta, en principio deslumbrante, lo llevó de las publicaciones científicas a los medios generales que primero lo hiperbolizaron, y luego tras la refutación lo escandalizaron dolorosamente, convirtiéndolo en un drama que llevaron de los laboratorios a la calle, y del ámbito científico a una opinión pública global, sorprendida, temerosa de ver en él no un hecho aislado, sino la punta de un iceberg que amenaza peligrosamente bajo la línea de flotación el crédito de la literatura científica y de la ciencia misma.Pero la ciencia no es lo mismo que la técnica, la tecnología, la industria. No se rige por sus códigos. Tiene su propio lenguaje, su propia lógica, sus propias “leyes” y su propia ética. En ella más que en el espacio extracientífico, la verdad gravita, es la razón de ser. Y de nuevo, como tantas veces antes, por sus propios mecanismos identificó el error y, sin ignorar las críticas de Scheckman, no se puede negar, que la respuesta de los editores (Nature) fue sincera, inmediata y honesta.La historia del conocimiento científico es una sucesión de aciertos y desaciertos, fracasos y éxitos. Unos y otros llevan indistintamente a la realidad, a la comprobación o a la refutación de las hipótesis. Por ende, para la investigación vale tanto atinar como fallar. El hombre desde su aparición, anda tanteando el universo como un ciego con un bastón. El bastón de su racionalidad.Ese deambular, deja de ser azaroso, cuando se hace fáctico, metódico, sistemático, crítico, verificable, comunicable(11). Cuando parte de los hechos, y tras desafiar la falsabilidad vuelve a ellos asumiendo el resultado con rigor y valentía. Cuando se hace ciencia¿Pero cuánto de amarillismo, equívocas expectativas y atrevidos juicios aportaron los medios a esta tragedia? Nuestra civilización rinde culto a la palabra escrita. Somos una cultura del signo, del texto sagrado, que tiende a dar por cierto lo que lee.Pero la ciencia es incompatible con engaño y autoengaño. No reverencia letra, medio, ni dogma. Para ella las cosas no son ciertas por quién, cómo ni dónde las escribe, sino por ellas en sí mismas. Es crítica, desconfiada, inquisitiva; contradice, prueba y comprueba. Su asunto es el entendimiento, no prestigio, dinero, poder. La oración, “escrito está”, nunca le es un punto final, es el comienzo de nuevas indagaciones.El problema de la pluripotencialidad celular ciertamente no ha sido resuelto. Tampoco el papel que puedan jugar el trauma y los cambios externos. El intento de Obokata y colaboradores fue fallido, pero pese al estruendo de su caída no cancela losinterrogantes ni la búsqueda. No puede cancelarlos. La exploración no se detendrá. Vendrán más investigaciones.Científicamente hablando, los sentimientos, la fragilidad, y los errores humanos, son circunstanciales, el contexto cultural aleatorio, la opinión pública irrelevante. Paracelso prometía convertir el plomo en oro. Anatomistas del Renacimiento fueron quemados. Por milenios la tierra plana fue noción general.No tenemos una manera más humana de aprehender el universo, habitamos en él igual que todos los animales, pero la diferencia es que tratamos de entenderlo. Somos la especie científica.