La muerte en la ciudad de México en el siglo XVIII

La muerte en la ciudad de México en el siglo XVIII

La ciudad de México, “capital, corte y cabeza”, eje de la monarquía católica en Tierra Firme, constituye un modelo para analizar las actitudes ante la muerte de grupos sociales diferenciados que son peninsulares y criollos, religiosos y laicos, castas indígenas. La capital, sometida a influencias cu...

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Journal Title: Historia Mexicana
Author: Nadine Béligand
Palabras clave:
Traslated keyword:
Language: Spanish
Get full text: https://historiamexicana.colmex.mx/index.php/RHM/article/view/1619
Resource type: Journal Article
Source: Historia Mexicana; Vol LVII, No 1 (Year 2007).
DOI:
Publisher: El Colegio de México
Usage rights: Reconocimiento - NoComercial - SinObraDerivada (by-nc-nd)
Subjects: Social Sciences/Humanities --> History
Abstract: La ciudad de México, “capital, corte y cabeza”, eje de la monarquía católica en Tierra Firme, constituye un modelo para analizar las actitudes ante la muerte de grupos sociales diferenciados que son peninsulares y criollos, religiosos y laicos, castas indígenas. La capital, sometida a influencias culturales diversas, también se considera ciudad-modelo; en ese sentido, es uno de los terrenos de experimentación del discurso de los Ilustrados.  En su análisis, el autor diferencia la muerte (con sus respectivas creencias y rituales) de los muertos (la cuestión de los cadáveres, de la putrefacción y del temor  a los muertos). Entre los siglos XVI-XVIII,  rituales y creencias se modifican poco; en cambio, la cuestión de los muertos sí se discute mucho en el siglo XVIII. Sin embargo, la expulsión de los muertos fuera de la ciudad es un largo proceso que sólo se solucionó en 1850. Las actitudes tradicionales, arcaicas y barrocas ante la muerte sobreviven a la política higienista. Los Ilustrados tuvieron que enfrentar a la Iglesia que (desde el siglo XVI) había logrado imprimir en las conciencias cierta imagen de los muertos de la ciudad, la de la comunidad de los ancestros identificada a la comunidad de los creyentes, articulando de hecho lo esencial de las prácticas sociales a lo sagrado.
Translated abstract: Mexico City, “capital, court, and head”, core of Catholic monarchy on Earth, becomes a model for analyzing attitudes towards death in different social groups: peninsulares and criollos, religious and lay citizens, mestizos, castizos, and Indians. The capital, subject to a variety of cultural influences, is also seen as a model city; in this sense, it is one of the Ilustrado's experimental  fields. In her analysis, the author  distinguishes  between death (and all its associated beliefs and rituals) and the dead (corpses, rotting,  fear of the dead). Beliefs and rituals concerning  death barely changed from the fifteenth to the eighteenth centuries, but the issue of the dead was widely discussed during this last one. However, the expelling of the dead from the cities was a slow process that did not find a definite solution until the 1850s. Traditional, archaic, and baroque attitudes towards death survived in the hygienist policies, and the Ilustrados had to confront the Church, which ever since the sixteenth century had been imprinting in people's minds an image of the city's dead as a community of ancestors identified with the community of believers, thus actually articulating social and sacred practices.