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Debía ir al fútbol, era mi programa y así lo tenia que hacer. Era pues un hombre de principios, valiente y en ocasiones hasta insólito, mi ciudad gris y azul así me había formado y día a día me sentía más dueño de ella y hasta de mí mismo; encontraba el placer en el ruido de las multitudes, en el sa...

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Título de la revista: Ideas y Valores
Autor: Bernardo Salcedo
Palabras clave:
Idioma: Español
Enlace del documento: http://www.revistas.unal.edu.co/index.php/idval/article/view/28963
Tipo de recurso: Documento de revista
Fuente: Ideas y Valores; No 32-34 (Año 1969).
Entidad editora: Universidad Nacional de Colombia
Derechos de uso: Reconocimiento - NoComercial - SinObraDerivada (by-nc-nd)
Materias: Ciencias Sociales y Humanidades --> Filosofía
Resumen: Debía ir al fútbol, era mi programa y así lo tenia que hacer. Era pues un hombre de principios, valiente y en ocasiones hasta insólito, mi ciudad gris y azul así me había formado y día a día me sentía más dueño de ella y hasta de mí mismo; encontraba el placer en el ruido de las multitudes, en el sabor indescifrablemente dulceamargo de la lata del albaricoque, en la sensación delicada de mi rostro al afeitarme con la cuchilla que el animador del radio me había convencido de usar, era en fin yo creo un amante de esa realidad que todos desechan. Pero el fútbol me atraía no tanto por las emociones del juego monótono sino por el sabor de las paletas de guayaba, una, dos, diez, yo sabia que la decima paleta coincidía con el pitazo final, todo esto mezclado con la visión cálida de la masa apretujada me hacia sentir hondamente feliz. Era para mí esta ocasión un despertar ansiado hacia seis meses, tiempo del que databa la destrucción del antiguo estadio y también ocasión en que asistí al último partido en compañía de algún pedante amigo que no me dejo gozar pues me hablaba, me hablaba, me hablaba todo el tiempo de algo que ni me acuerdo, tal vez de su carrera universitaria y de los goles que marcaban los equipos; y me sacudía, me sacudía, me sacudía, me sacudía tan ferozmente a cada emoción del juego que cuando estaba chupando mi última paleta hizo que esta cayera al suelo y se volviera agua sucia de color guayaba y barro; eso me basta para pensar que mi amigo no era un ser sensible, después tuvo la osadía de pararse encima de mi helada fruta.